Nos levantamos temprano, en un horario
que no compensaba la enorme entrega física y emocional del día anterior.
Pero… esto es Europa nena !!!
El desayuno del Novotel es altamente
recomendable, levemente por encima del promedio. Hubiese querido comer más
cosas, pero no me recupero aún, Fritland es un recuerdo omnipresente.
Vivi, que sólo tomo fugaz contacto con el famoso bocado, disfruta
de los manjares y me verduguea.
Es momento de decir adiós al Hotel e ir
por el auto. Y la caja ? Uy esta cerrada y sólo se paga vía maquinita con
billetes chicos. Obvio tenemos papeles de 100. Bueno, paguemos con
tarjeta. Pide PIN. Qué PIN ? PUM.
Después de fallidos intentos por hacernos de cambio, pasar cien veces la tarjeta y putearnos mutuamente en arameo, un Chino que estaba
limpiando nos dice algo así como "y mandale 1-2-3-4, eso nunca falla…."
La viveza no es solo
criolla.
Comienza el segundo día de Bruselas.
Primera parada, el Parque de Bruselas, frente al Palacio Real. No vayan.
Segundo stop, Parque del
Cincuentenario. Vayan.
Un parque típicamente Belga, simétrico
y perfecto, rematado por una puerta con su Cuadriga superior. En imponencia, supera ampliamente a su par Berlinesa pero, nobleza obliga, es bueno recordar que la
diferencia entre ambos portales radica en su contexto histórico. Mientras la primera se
remonta a un pasado Napoleónico, la Cuadriga de Bruselas fue recién erigida hacia
1900. Sutil diferencia.
Cada ala de la puerta esconde un Museo. A la izquierda el de las Armas, a su derecha el del Automóvil. Una avenida de varias manos pasa por debajo del conjunto, casi invisible desde la superficie.
Pero demasiada avenida, mucha puerta, mucho
museo, mucho gris, no ? Noooo nada que ver, cientos de tulipanes
revisten todo el área entregando una escena de tonos y colores variopintos.
Armas o Automóvil ? Armas (además es gratis). El
museo es muy interesante y quizás lo más destacable sea la sala de los
uniformes de los ejércitos de toda Europa. Todos menos el de Alemania. Razones, abundan.
| Museo de las Armas |
Rajando al auto !! Se agota el tiempo del
ticket de estacionamiento !!
Paseamos por la zona moderna de la Ciudad y decidimos visitar el Parlamentarium, paseo interactivo que permite conocer más sobre el origen y funcionamiento de la UE. De modo totalmente gratuito.
Estacionamos el auto sobre un parque
cercano, el Leopoldpark. Hermoso espacio verde donde parejas hetero y
homosexuales disfrutan de una tarde de sol. Esto es Bruselas Nena !!!
La visita del Parlamentaruim vale la
pena. Carece de atracciones mecánicas, juegos espectaculares o un gran shopping
temático (como seguramente lo hubiesen plantado los yanquis). Es un viaje para
entender la formación de la UE, desde sus orígenes en la extinta Comunidad del Acero y el
Carbón en 1950 (Francia, Italia, Alemania y Benelux), y llegando hasta nuestros días.
| Parlamentarium, la historia de la UE |
Volviendo al auto y antes de subirnos,
tomamos nuestra clásica mini sienta en el Leopoldpark. Ya está, estamos en
condiciones de emprender el corto trayecto a Brujas. Son solo 100 km que se
hacen en un rato.
La distancia sería entonces una simple
anécdota frente al verdadero problema de fondo: estacionar. Sin mucha
conciencia y siguiendo aquella máxima que indica “allá donde fueres, haz lo que
vieres..” nos encolumnamos detrás de algunos autos en apariencia conocedores del terreno, y entramos a la ciudad.
Grave error.
Si bien el paseo fue muy interesante, recorrer
unas 15 cuadras nos demandó no menos de 1 hora y jamás logramos un puto lugar
para dejar el auto. Conclusión: volvimos sobre nuestros pasos y dejamos el auto
bien lejos, casi sobre la ruta.
Recomendación: no ingrese a Brujas con auto. Es que realmente hace falta qué alguien lo diga ? Suena bastante obvio.
De todos modos, lo remarcable es que se
trata de una Ciudad Medieval, muy interesante y bien conservada, pero muy
fuertemente impregnada de un perfil turístico y comercial, con poca vida costumbrista real. Es como si allí no viviese gente.
Desesperados por ubicar un baño,
entramos en un bar de cervezas de todo el mundo. Vivi, asistida por alguna turista
tal vez conocedora de nuestras limitaciones económicas, logró ingresar al baño
sin el correspondiente arancel.
De todos modos la anécdota no es esa,
sino lo que pudo contemplar una vez ingresada. La bacha era algo así como una
gran pecera que permitía, mientras uno lavaba sus manos, apreciar el movimiento
de vivaces peces de colores.
Anécdota 2
La Plaza Burg es una suerte de prima
menor de la Plaza Vieja de Bruselas. Un mismo estilo medieval, viejos edificios
correspondientes a los gremios, una clásica ciudad-cuna del capitalismo. Perooo…..
En el medio de toda esta conformación,
aparece el trencito de la alegría, un puesto que vende copos de azúcar, un "otro que tira y pega" por 5 mangos y hasta la nave espacial del Italpark que te pasaba una
película pedorra del cosmos filmada en Gonzalez Catan, mientras el supuesto cohete se balanceaba torpemente para algún lado.
No muchachos, si quieren yo les explico
cómo se conserva un lugar histórico. Al final nosotros demoliendo la Recova no
tenemos nada que envidiarles a estos belgas.
Todo vuelve.
Otra vez nos costó ubicar el auto, otra
vez el GPS digital decía pavadas, pero para eso esta el GPS humano. Iniciamos el
camino a Amsterdam, un tramo de unos 300 km.
La ruta, nuevamente un lujo, iluminada
de punta a punta, pasando por túneles, puentes y un paisaje recortado por
sendas torres de energía eólica. Esta vez si hubo peaje, 6 Euros.
Es de noche y estamos aproximándonos a
Heemskerk, donde viviremos la experiencia de dormir en…..un Castillo !!!
El Castillo resulto ser un Hostel de
Holandeses fiesteros que no hacían otra cosa que chupar. Nos recibieron con un juego de
sabanas para cada uno, lo que fue el preludio de que deberíamos hacernos
nuestras camas. Yo ? Chocho. Vivi? Me quería matar. Pero, disfruta del castillo
!! Qué Castillo boludo, estoy muerta de hambre, me tenes con el estomago vacío
desde la mañana.
Qué problema hay, vamos al bar del
hotel y comemos algo. Pero acá arranca nuestro modesto vía crucis. Esta gente
solo piensa en tomar y el bar únicamente vende bebidas, alcohólicas por supuesto.
Bueno, vamos al pueblo y compramos
algo. Si, pero vuelvan antes de las 12. A esa hora en el Castillo se iza el puente levadizo
y se cierran las puertas.
Nos sentíamos en una película de
Cenicienta. Teníamos que completar la rutina, pero hacerlo antes de que el reloj diera las 12
en el Palacio….
La hago corta, dimos dos mil quinientas
vueltas y solo encontramos una Shell donde una muy amable señorita neerlandesa
nos invitó a retirarnos del establecimiento ya que el local había cerrado sus
puertas por ese día. Pero solo queremos comprar algo para comer….
Ya cerramos.
Y qué fue del “let it be” de los
holandeses, el amor sin prejuicios y el libre consumo de drogas? Se ve que todo
es una gran puesta en escena. En el fondo, cuando se apagan las cámaras y ya no
filman documentales para la TV, los tipos demuestran lo que en verdad son.
Unos asquerosos con licencia.
Volvimos corriendo, eran las 23.55 y el
carruaje se nos hacía calabaza. Mientras Vivi sin siquiera dirigirme la palabra
enfundaba los colchones húmedos con las sabanas amarillentas, bajé a comprar la
mono opción que me ofrecía la desvencijada maquinita de la entrada. Un Nestlé
de leche y crispis. Solo para eso me alcanzaban las monedas.
Igual tampoco había otra cosa.
Y así fue como cumplimos el viejo mandato
colectivo que cualquier pareja que se precie debe vivenciar al menos una vez: entregarse
a una romántica velada nocturna, cálidamente acunados en los aposentos de un
viejo Castillo medieval en la campiña Holandesa.
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