sábado, 12 de abril de 2014

Bruselas II - Brujas - Heemskerk Holanda

Nos levantamos temprano, en un horario que no compensaba la enorme entrega física y emocional del día anterior.
Pero… esto es Europa nena !!!

El desayuno del Novotel es altamente recomendable, levemente por encima del promedio. Hubiese querido comer más cosas, pero no me recupero aún, Fritland es un recuerdo omnipresente.

Vivi, que sólo tomo fugaz contacto con el famoso bocado, disfruta de los manjares y me verduguea.

Completito el desayuno. Vivi come, yo intento recuperar mi hígado

Es momento de decir adiós al Hotel e ir por el auto. Y la caja ? Uy esta cerrada y sólo se paga vía maquinita con billetes chicos. Obvio tenemos papeles de 100. Bueno, paguemos con tarjeta. Pide PIN. Qué PIN ? PUM.
Después de fallidos intentos por hacernos de cambio, pasar cien veces la tarjeta y putearnos mutuamente en arameo, un Chino que estaba limpiando nos dice algo así como "y mandale 1-2-3-4, eso nunca falla…."

La viveza no es solo criolla.

Comienza el segundo día de Bruselas. Primera parada, el Parque de Bruselas, frente al Palacio Real. No vayan.

Segundo stop, Parque del Cincuentenario. Vayan.

Un parque típicamente Belga, simétrico y perfecto, rematado por una puerta con su Cuadriga superior. En imponencia, supera ampliamente a su par Berlinesa pero, nobleza obliga, es bueno recordar que la diferencia entre ambos portales radica en su contexto histórico. Mientras la primera se remonta a un pasado Napoleónico, la Cuadriga de Bruselas fue recién erigida hacia 1900. Sutil diferencia.


Cada ala de la puerta esconde un Museo. A la izquierda el de las Armas, a su derecha el del Automóvil. Una avenida de varias manos pasa por debajo del conjunto, casi invisible desde la superficie.
Pero demasiada avenida, mucha puerta, mucho museo, mucho gris, no ? Noooo nada que ver, cientos de tulipanes revisten todo el área entregando una escena de tonos y colores variopintos.


Armas o Automóvil ? Armas (además es gratis). El museo es muy interesante y quizás lo más destacable sea la sala de los uniformes de los ejércitos de toda Europa. Todos menos el de Alemania. Razones, abundan.

Museo de las Armas
Desde allí y por una escalera, se puede llegar al techo de la puerta, casi tocar las riendas de los briosos caballos de la cuadriga y, sobre todo, lograr una inolvidable panorámica de todo Bruselas.

Rajando al auto !! Se agota el tiempo del ticket de estacionamiento !!

Paseamos por la zona moderna de la Ciudad y decidimos visitar el Parlamentarium, paseo interactivo que permite conocer más sobre el origen y funcionamiento de la UE. De modo totalmente gratuito.

Estacionamos el auto sobre un parque cercano, el Leopoldpark. Hermoso espacio verde donde parejas hetero y homosexuales disfrutan de una tarde de sol. Esto es Bruselas Nena !!!

La visita del Parlamentaruim vale la pena. Carece de atracciones mecánicas, juegos espectaculares o un gran shopping temático (como seguramente lo hubiesen plantado los yanquis). Es un viaje para entender la formación de la UE, desde sus orígenes en la extinta Comunidad del Acero y el Carbón en 1950 (Francia, Italia, Alemania y Benelux), y llegando hasta nuestros días.

Parlamentarium, la historia de la UE
Es un placer para los sentidos de quien disfruta de la historia. Y a nivel estético y tecnológico, absolutamente inobjetable.

Volviendo al auto y antes de subirnos, tomamos nuestra clásica mini sienta en el Leopoldpark. Ya está, estamos en condiciones de emprender el corto trayecto a Brujas. Son solo 100 km que se hacen en un rato.

La distancia sería entonces una simple anécdota frente al verdadero problema de fondo: estacionar. Sin mucha conciencia y siguiendo aquella máxima que indica “allá donde fueres, haz lo que vieres..” nos encolumnamos detrás de algunos autos en apariencia conocedores del terreno, y entramos a la ciudad. Grave error.

Si bien el paseo fue muy interesante, recorrer unas 15 cuadras nos demandó no menos de 1 hora y jamás logramos un puto lugar para dejar el auto. Conclusión: volvimos sobre nuestros pasos y dejamos el auto bien lejos, casi sobre la ruta.



Recomendación: no ingrese a Brujas con auto. Es que realmente hace falta qué alguien lo diga ? Suena bastante obvio.

No nos quedaba demasiado tiempo y nos dedicamos a recorrer a pie todo lo que Febo nos permitiera: La Iglesia Nuestra Señora, la Plaza Burg (donde está el Ayuntamiento), La Plaza Mayor, La Torre Belfort y muchas otras atracciones visitables.



De todos modos, lo remarcable es que se trata de una Ciudad Medieval, muy interesante y bien conservada, pero muy fuertemente impregnada de un perfil turístico y comercial, con poca vida costumbrista real. Es como si allí no viviese gente.

Entre otras de sus virtudes, son muy destacables los canales, trazando cierto lazo de continuidad con lo que luego veríamos en Amsterdam.


Anécdota 1
Desesperados por ubicar un baño, entramos en un bar de cervezas de todo el mundo. Vivi, asistida por alguna turista tal vez conocedora de nuestras limitaciones económicas, logró ingresar al baño sin el correspondiente arancel.

De todos modos la anécdota no es esa, sino lo que pudo contemplar una vez ingresada. La bacha era algo así como una gran pecera que permitía, mientras uno lavaba sus manos, apreciar el movimiento de vivaces peces de colores.

Anécdota 2
La Plaza Burg es una suerte de prima menor de la Plaza Vieja de Bruselas. Un mismo estilo medieval, viejos edificios correspondientes a los gremios, una clásica ciudad-cuna del capitalismo. Perooo…..
En el medio de toda esta conformación, aparece el trencito de la alegría, un puesto que vende copos de azúcar, un "otro que tira y pega" por 5 mangos y hasta la nave espacial del Italpark que te pasaba una película pedorra del cosmos filmada en Gonzalez Catan, mientras el supuesto cohete se balanceaba torpemente para algún lado.
No muchachos, si quieren yo les explico cómo se conserva un lugar histórico. Al final nosotros demoliendo la Recova no tenemos nada que envidiarles a estos belgas.

Todo vuelve.

Otra vez nos costó ubicar el auto, otra vez el GPS digital decía pavadas, pero para eso esta el GPS humano. Iniciamos el camino a Amsterdam, un tramo de unos 300 km.

La ruta, nuevamente un lujo, iluminada de punta a punta, pasando por túneles, puentes y un paisaje recortado por sendas torres de energía eólica. Esta vez si hubo peaje, 6 Euros.

Es de noche y estamos aproximándonos a Heemskerk, donde viviremos la experiencia de dormir en…..un Castillo !!!

El Castillo resulto ser un Hostel de Holandeses fiesteros que no hacían otra cosa que chupar. Nos recibieron con un juego de sabanas para cada uno, lo que fue el preludio de que deberíamos hacernos nuestras camas. Yo ? Chocho. Vivi? Me quería matar. Pero, disfruta del castillo !! Qué Castillo boludo, estoy muerta de hambre, me tenes con el estomago vacío desde la mañana.

Qué problema hay, vamos al bar del hotel y comemos algo. Pero acá arranca nuestro modesto vía crucis. Esta gente solo piensa en tomar y el bar únicamente vende bebidas, alcohólicas por supuesto.

Bueno, vamos al pueblo y compramos algo. Si, pero vuelvan antes de las 12. A esa hora en el Castillo se iza el puente levadizo y se cierran las puertas.

Nos sentíamos en una película de Cenicienta. Teníamos que completar la rutina, pero hacerlo antes de que el reloj diera las 12 en el Palacio….

La hago corta, dimos dos mil quinientas vueltas y solo encontramos una Shell donde una muy amable señorita neerlandesa nos invitó a retirarnos del establecimiento ya que el local había cerrado sus puertas por ese día. Pero solo queremos comprar algo para comer….
Ya cerramos.
Y qué fue del “let it be” de los holandeses, el amor sin prejuicios y el libre consumo de drogas? Se ve que todo es una gran puesta en escena. En el fondo, cuando se apagan las cámaras y ya no filman documentales para la TV, los tipos demuestran lo que en verdad son.
Unos asquerosos con licencia.

Volvimos corriendo, eran las 23.55 y el carruaje se nos hacía calabaza. Mientras Vivi sin siquiera dirigirme la palabra enfundaba los colchones húmedos con las sabanas amarillentas, bajé a comprar la mono opción que me ofrecía la desvencijada maquinita de la entrada. Un Nestlé de leche y crispis. Solo para eso me alcanzaban las monedas.
Igual tampoco había otra cosa.

Y así fue como cumplimos el viejo mandato colectivo que cualquier pareja que se precie debe vivenciar al menos una vez: entregarse a una romántica velada nocturna, cálidamente acunados en los aposentos de un viejo Castillo medieval en la campiña Holandesa.

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