viernes, 11 de abril de 2014

BRUSELAS

Nos fuimos de Koln el Viernes 11 cerca del medio día con destino a Bruselas. Nos costo despedirnos. Encontrar el auto fue una obra de la providencia. 
El GPS nos decía que caminemos para la izquierda, para la derecha, que subamos a un árbol, que hiciéramos pis de parados.

No se bien cómo, pero lo ubicamos.

Antes de partir disfrutamos de algunas vistas de la muralla medieval que rodeaba la primitiva Colonia.

Muralla medieval de Koln

Tomamos la ruta. Los Audis, BMW y Mercedes nos pasan por la extrema izquierda. Yo estimo que van a no menos de 200 km/hora, puede que sea un poco más. Es que en Alemania, y en realidad en buena parte de Europa, existe la denominada "Mano de la Muerte", carente de limite de velocidad.

Eso si, debo reconocer que son gente muy educada y respetuosa. Los tipos se cargaron a 6 millones de personas, perseguían homosexuales y quemaban libros, pero no te van a hacer luces si por error te pasaste a este carril.....
Al manejar todo lo informan: si van a girar, parar, cambiar de mano. Pero yo igual tengo una teoría: manejan mal. Son duros y poco plásticos, entonces compensan esas limitaciones avisando.
Peajes no hay, pero hay que comprar un cospel para ir a baño

Después de 200 km de rutas perfectas y sin peajes !!!, llegamos a Bruselas. Complicado fue cruzar la frontera entre Alemania y Bélgica. Por todo control había un cartel en la ruta con fondo azul y las clásicas estrellas en amarillo. En él podía leerse un indubitable "Bélgica". Y ese fue todo el control.

El ingreso a Belgica y su inflexible control aduanero...
Acá vale una referencia geográfica. Muchos de los países de la UE conforman el llamado Espacio Schengen, entre los cuales existe libre circulación de personas. El control se ejerce a la entrada y salida del Espacio, pero no entre sus países miembros. 
En la práctica, el área funciona en términos migratorios como un solo país.

Llegamos al centro de Bruselas, entramos por el Barrio Europeo, donde se encuentran las modernas instalaciones de una de las sedes de la UE (las otras en Estrasburgo y Luxemburgo), rápidamente dejamos atrás ese sector y nos dirigimos a lo que anunciaban varias guías de viaje como una de las mayores joyas de la arquitectura Europea: El Palacio de Justicia de Bruselas.

El Palacio de referencia debe contar con un asesor de imagen que sería la envidia de Macri (Duran Barba, sos un bebé de pecho). Este imaginario asesor ha logrado un hecho cercano al milagro: hacernos creer que un apenas interesante edificio, discreto, sucio y con urgentes necesidades de mantenimiento, se ubique como la joya oculta del viejo mundo.
Bueno, ahora que lo pienso Duran Barba ha logrado hacerle creer a toda la clase media portena que Macri es un gran administrador.... En fin.
El Palacio de Justicia de Bruselas. Andaaaaa....
Volviendo al edificio, continua siendo sede de los tribunales y tampoco esta tan mal. Lo recorrimos y saliendo encontramos un ascensor que te lleva a una zona de barcitos y calles empedradas que rodean al edificio. Me quedo con esta zona y le dejo el edificio a los amantes de los tours guiados y las guías de viaje.

Otra vez al Fiesta azul y marchamos para el Novotel, en plena Ciudad Vieja. El predio del hotel incluye una antigua torre de piedra que habrá pertenecido a un castillo o tal vez a alguna muralla perimetral. Y han hecho toda una obra de ingeniería para preservarlo. Estas cosas (asumo mi colonialismo cultural sin ponerme colorado) me deslumbran. Nosotros cortamos el Cabildo para abrir la Avenida de Mayo. Tiramos abajo la Recova o pusimos una nueva Pirámide de Mayo por encima de la original con la intención de protegerla (curioso modo
de protección, no?). Y no estamos hablando de la edad media, son escasos 50 ó 100 años.

El Novotel y la protección de una Torre medieval. 
Estacionamos en el Parking 58 en frente del Novotel, dejamos todo y salimos a caminar Bruselas. Nos sorprendió su sencillez, sus calles encorvadas y retorcidas, su andar pausado, mezcla casi perfecta de gran ciudad con pueblito poco conocido.

Caminando sin rumbo claro, llegamos a la Catedral de Bruselas. Hermoso edificio gótico que tardo mucho menos que su par de Colonia. Tan "sólo" 250 años. Bancos labrados por famosos ebanistas de la época, vitreaux de piso a techo y un delicado color amarronado, pero hay un detalle. Ese mismo día habíamos estado en la Catedral de Colonia. Y es que, desde aquella jornada y para siempre, la vara estará muy alta cuando de evaluar Catedrales se trate.


Notredame ? Mmmm, Koln Dohm.

Siguiendo por las callejuelas, nos acercamos a las Galerías de la Reina, también conocidas como Royale Saint Hubert: un glamoroso paseo bajo techo vidriado que ostenta la exclusividad de haber sido la primera galería comercial de Europa.

En su interior se abren espacio las mejores casas que honran la famosa tradición del chocolate belga.
Pero cómo, no eran los Suizos los del chocolate ? A la vejez, viruela.
Por estos pagos me vine a enterar que el mejor chocolate del mundo, es….Belga !!

O al menos ellos dicen eso. Yo creo que algo debe haber, pero supongo que también anida un intento por superar aquella barrera que el mundo les impuso a los Belgas: ser tan sólo conocidos por haber creado a los azulados Pitufos.
Los capos del chocolate no eran los Suizos ???


Luego, otra callecita “Rue des Bouchers”. Integramente dedicada a bares con mesas sobre la vereda, “improvisados” techos de colores y toda la gastronomía belga.

Y ahora ? Ahora el archifamoso Maneken Pis. Lo voy a explicar en sencillo. Una estatua de un pibe en bolas que esta meando. Y ???
Quizás ya esté demasiado viejo. El mundo es lo suficientemente grande y creo que todos podemos convivir en él. Aquellos que piensan que esto es una obra de arte por un lado. Y yo por el otro.

Próxima estación, la Grand Place (o Grote Markt en el original Flamenco). Decir que es Patrimonio de la Unesco, que se mantiene inalterable desde la Edad Media, que se te caen las medias cuando la ves, es demasiado trillado y poco aporta.



Tal vez la mejor expresión sea indicar que, sencillamente, ubicarte en el medio de su empedrado y admirarla, te empequeñece.

Nos sentamos unos minutos en la vereda y tratamos de fijarlo todo en algún lugar de nuestra memoria visual. En el alma, dirían algunos. En el cerebro, respondería Walter White. El alma no existe, todo es química.

Vivi adhiere sin anestesia a este último grupo. Sin un dejo de melancolía, creo que yo también.

-      Vivi !!, tengo apuntado que no podemos irnos de Bruselas sin pasar por Fritland (además del chocolate los belgas se autodefinen como los creadores de las papas fritas. Estos belgas ya me están rompiendo las pelotas con su epica creacionista).
-      Y que pomo es Fritland ?
-      El lugar donde se come el mejor Mitraillette de todo belgica, obvio.
-      Y que corno es el Mitraillette ?

Y, no es sencillo explicarlo. Pero no debe ser tarea fácil, porque ni mi estomago y ni mi hígado lo han logrado descifrar aún. Y mucho menos digerirlo. Y eso que ya pasaron unos cuantos meses desde su ingesta…

En resumidas cuentas, es una fritanga bien robusta, con licencia para matar. Ojo, nada mucho peor que comerte una empanada frita en Pin-Pun de Corrientes. Pero como eso es más o menos conocido, tu estomago se prepara y lo recibe con la guardia en alto.
Tardé 2/3 días en recuperarme. Unos días después y googleandolo, lo entendería todo: Mitraillete = Ametralladora.
Todo dicho.
Fritland y el Bocadito Mitraillette
Antes de anochecer vamos a una plaza. Está fuera de toda planificación, es un descubrimiento de Vivi por el que me pasará infinitamente factura.
Y realmente tiene razón. Una plaza seca con sucesión de jardines, plantas, flores y una distribución geométrica perfecta. Muy belga.
Para rematarlo, todo termina en unas escalinatas con miradores que balconean sobre todo el espacio verde.
Mucho tiempo después sabremos que se trataba del Jardín del Monte de las Artes. Apúntenlo.
Quien esta mejor, la plaza o la modelo ?

Hacemos una escala técnica en el hotel. Una mini siesta reparadora de 20 minutos y otra vez a las calles.

Ya es de noche. No resistimos la idea de no regresar a la Grand Place, es un imán contra el que nada podemos hacer.
Ahora es distinta, pero no menos cautivante.
Menos turistas, más locales. Muchos pibes, mucha cerveza y un espectáculo monumental viendo toda esa fiesta urbana cruzada con los viejos edificios iluminados.
Nos sentamos en los adoquines, como antes lo hicimos sobre la vereda. Los adoquines, literalmente, brillan. Y es lo último que diré al respecto.
Brillan ? Si
Y si disfrutamos la plaza de noche, tenemos que hacer lo propio con la catedral.
Cena ? Si ven a mi hígado por alguna callecita de Bruselas, díganle que lo quiero. Que vuelva y deje de luchar con el Mitraillette.

Es demasiado tarde. Estamos muertos, vimos ya no se qué cantidad de lugares.
Ni el alma, ni la química.

Menos mal que esta el blog para inmortalizar los recuerdos.

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